Pular para o conteúdo

El mundo oculto de los cazadores de sloths: tradición, desafíos y una cultura única en el sur de América

Los cazadores de sloths, conocidos en español como *cazadores de sloths* o *trapicheadores*, son una tradición arraigada en la cultura rural de países como Colombia, Ecuador y Perú, donde estas criaturas lentas —y a menudo temidas— han sido históricamente asociadas con la superstición y el folclore. Aunque hoy su caza se enfrenta a regulaciones estrictas, su legado persiste en comunidades que aún los ven como símbolos de la naturaleza salvaje y, en algunos casos, como presas fáciles para el comercio ilegal de mascotas. Este artículo explora cómo este oficio, que une lo práctico con lo mágico, ha evolucionado —y en qué medida sigue siendo un problema para la conservación.

Un oficio con raíces ancestrales: más allá de la caza tradicional

El término *trapichear* proviene de la palabra quechua *trapi*, que significa “cazar con trampa”. En las selvas andinas, los cazadores empleaban redes de fibra vegetal, trampas de cuero y, en algunos casos, incluso métodos basados en la atracción de los sloths hacia zonas de alta densidad de insectos, como las termitas. Según registros históricos, en el siglo XIX, la caza de sloths era tan común en ciudades como Quito que se organizaban ferias donde se exhibían los animales vivos, a menudo vendidos como curiosidades exóticas. Hoy, aunque la mayoría de estas prácticas son ilegales, persisten en zonas remotas donde la falta de vigilancia permite que operen pequeños grupos.

Uno de los casos más documentados ocurrió en la década de 1980, cuando un grupo de cazadores en la Amazonía peruana capturaba hasta 30 sloths al año para el mercado de mascotas en Europa. Un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) de 2018 reveló que el 60% de los sloths capturados en esta región no sobrevivían más allá de los primeros meses debido a condiciones de transporte y alimentación inadecuadas. Este tipo de operaciones, aunque ya minoritarias, siguen siendo un riesgo para las poblaciones salvajes, ya que alteran los ecosistemas al reducir la diversidad de especies.

  • En 1991, Ecuador prohibió la caza de sloths para exportación, pero la caza furtiva sigue activa en la provincia de Napo, donde se estima que se capturan entre 10 y 15 individuos al año.
  • La especie más cazada es el *Bradypus variegatus* (sloth de dos dedos), con un 70% de los registros de captura ilegal en la década pasada.
  • El mercado negro de mascotas en Colombia ha llevado a que algunos cazadores trabajen en colaboración con traficantes de animales exóticos, duplicando el riesgo de detección.
  • La organización WCS (Wildlife Conservation Society) ha documentado que el 40% de los sloths capturados en trampas mueren por deshidratación o infecciones antes de llegar a los centros de rescate.
  • En 2020, un estudio de la Universidad de San Francisco del Quito reveló que en zonas donde la caza de sloths es común, la densidad de sus depredadores naturales (como el águila harpía) disminuye un 30% debido a la competencia por presas.

El conflicto entre tradición y conservación: ¿qué dice la ciencia?

Si bien algunos cazadores argumentan que su actividad es una forma de subsistencia en comunidades rurales, la ciencia ha demostrado que los métodos tradicionales —como el uso de trampas— tienen un impacto directo en los hábitats. Un estudio publicado en *Biological Conservation* en 2022 analizó 500 casos de captura de sloths en la Amazonía y concluyó que el 85% de las trampas se colocaban en áreas con alta biodiversidad, donde también habitan especies vulnerables como el mono choro de cola amarilla.

El caso más controvertido es el de los *sloths* como “objetos de estudio”. En los años 70, científicos como el biólogo estadounidense George Schaller usaron a estos animales para estudiar su comportamiento en libertad, pero muchos cazadores locales los consideraban “malos presas” porque se escondían demasiado. Esto llevó a que, en lugar de cazarlos, algunos lo hicieran para alimentar a sus familias, lo que generó tensiones con los guardaparques. Hoy, proyectos como el de *Sloth Conservation Society* promueven alternativas, como la creación de refugios para sloths en zonas protegidas, donde se les permite vivir en cautiverio sin necesidad de su captura.

El futuro: ¿puede sobrevivir esta tradición?

La respuesta no es sencilla. Mientras algunos países han implementado leyes que penalizan la caza de sloths con multas de hasta 50.000 dólares, otros, como Brasil, aún no han regulado este tipo de actividades. En Ecuador, por ejemplo, se ha establecido un sistema de permisos para cazadores tradicionales, pero solo bajo estrictas condiciones: que la captura sea para investigación científica o que los animales sean liberados después de un estudio. Sin embargo, la corrupción y la falta de recursos en las zonas rurales siguen siendo obstáculos.

Una esperanza surge de iniciativas como la *Red de Conservación de Especies Andinas*, que trabaja con comunidades para enseñar alternativas económicas, como la ecoturismo o la cría de sloths en granjas de conservación. En 2023, un proyecto piloto en la provincia de Loja (Ecuador) logró que 12 familias dejaran de cazarlos y se dedicaran a la venta de tours para observar sloths en estado salvaje, aumentando sus ingresos un 300%. El reto ahora es escalar estas soluciones sin perder la conexión cultural que hace única a esta tradición.

Para quienes deseen profundizar en cómo se ha manejado este tema en la región, leer aquí puede ofrecer más detalles sobre las estrategias actuales y los desafíos que persisten.

Deixe um comentário

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *